Este texto propone ver la meditación no como una fuga, sino como una forma de habitar la experiencia con presencia y lucidez, deshaciendo mitos como "vaciar la mente" o "sentir paz constante". Ofrece una práctica sencilla: atender a la respiración, reconocer pensamientos y emociones, incluir la incomodidad, y llevar esta actitud consciente a las actividades diarias.